El Papamóvil recorre la explanada con un Pontífice, sonriente que extiende y agita los brazos para saludar a los más de 20 mil fieles
Redacción
BAMENDA, Camerún.- En un entorno alimentado por el odio y la violencia, donde la pobreza, el hambre, la corrupción y la explotación debilitan la esperanza y abren paso a la resignación y en la impotencia, el Papa recuerda, a los miles de fieles presentes en la Misa celebrada en el Aeropuerto de Bamenda, que la Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, que deben ser protagonistas del cambio, desafiando al mal, sobre todo, a quienes intentan mezclar la fe católica con creencias o desviaciones esotéricas para obtener beneficios políticos y económicos.
Nuevamente, colores, cantos, alegría, belleza, exaltación al paso del Papamóvil, que recorre la explanada con un Pontífice, sonriente que extiende y agita los brazos para saludar a los más de 20 mil fieles que esperan escuchar las palabras del Sucesor de Pedro en su propia tierra.
Una tierra ensangrentada y pobre, dijo el Pontífice en el Encuentro de paz con la comunidad, en la mañana, y que fue corroborado, esta tarde, a la luz del Evangelio, durante su homilía en la Santa Misa por la Paz y la Justicia, como se ha querido denominar esta celebración, la última en esa región del noroeste del país, aplastada por un conflicto independentista, hambreada y víctima de la corrupción y la sed de dinero y poder.
Un peregrino de paz y de unidad
Compartir el camino, las dificultades y las esperanzas de los fieles de Bamenda como un peregrino de paz y de unidad, ha sido la primera revelación de León XIV al abrir su homilía, no sin antes reconocer que las manifestaciones festivas y el fervor de las oraciones del pueblo camerunés son un signo de su entrega confiada a Dios y de su inquebrantable esperanza en el Padre.
Hermanos y hermanas, muchos son los motivos y las situaciones que rompen el corazón y nos hacen caer en la aflicción. En efecto, las esperanzas en un futuro de paz y reconciliación, en el que cada uno es respetado en su dignidad y a cada uno se le garantizan sus derechos fundamentales, se debilitan continuamente a causa de los numerosos problemas que afligen a esta tierra bellísima.
Odio y violencia, corrupción y ambición
De hecho, el Papa no ahorró palabras para describir las abundantes formas de pobreza, la crisis alimentaria actual, la corrupción moral, social y política, vinculada a la gestión de la riqueza, los graves problemas que aquejan al sistema educativo y sanitario; así como la enorme migración, pero, en particular, se refirió al conflicto entre los separatistas de esa ex-región anglosajona y el gobierno central, así como de la desenfrenada ambición de actores extranjeros.
A la problemática interna, continuamente alimentada por el odio y la violencia, se añade también el mal causado desde afuera por aquellos que, en nombre de la ganancia, siguen entrometiéndose en el continente africano para explotarlo y saquearlo.
El cambio es hoy y no mañana
Una situación que si bien expone a todos a un sentimiento de impotencia y desconfianza, pero que exige una voluntad de transformación.
Este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir; de componer nuevamente el mosaico de la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente; de edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación.
No caer en la resignación y la impotencia
Nuevamente, el Pontífice advierte que ante las dificultades, muchas veces consolidadas en el tiempo, se corre el riesgo de caer en la resignación y en la impotencia, ya no se espera más.
La Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, porque es capaz de poner el corazón en movimiento, de desestabilizar la marcha normal de las cosas a las que fácilmente nos acostumbramos, de convertirnos en protagonistas activos del cambio.


